El Retriever de Nueva Escocia (Nova Scotia Duck Tolling Retriever, o simplemente “toller”) es el más pequeño de los perros cobradores y, probablemente, el más original de todos. Nacido en la costa atlántica de Canadá para una tarea insólita —atraer patos hacia el cazador imitando los movimientos de un zorro— combina la viveza de un perro de trabajo incansable con el cariño de un compañero de familia. Si buscas un perro listo, atlético, sociable y con una energía casi inagotable, el Retriever de Nueva Escocia merece toda tu atención.
¿Es el Retriever de Nueva Escocia para ti?

El Retriever de Nueva Escocia es una raza maravillosa, pero no es para cualquiera. Es un perro de trabajo con motor de competición metido en un cuerpo mediano, y eso condiciona mucho la vida de quien lo elige. Antes de enamorarte de su precioso pelaje cobrizo, conviene mirar de frente lo que pide a cambio.
A favor
- Inteligente y muy fácil de motivar para el adiestramiento.
- Tamaño manejable: el más pequeño de los cobradores.
- Cariñoso y excelente con los niños de la familia.
- Atlético, sano en general y con buena esperanza de vida.
- Apasionado del agua y de cualquier deporte canino.
- Pelaje resistente que no necesita peluquería.
A tener en cuenta
- Energía muy alta: necesita ejercicio y estímulo a diario.
- Se aburre y puede volverse destructivo si lo dejas solo demasiado.
- Reservado con desconocidos: requiere socialización temprana.
- Fuerte instinto de presa hacia gatos y animales pequeños.
- El “toller scream”, su grito agudo de emoción, sorprende.
- Muda estacional abundante y predisposición a problemas inmunitarios.
En resumen: si llevas una vida activa, te gusta el deporte al aire libre y puedes dedicarle tiempo de calidad, te dará años de complicidad. Si pasas muchas horas fuera de casa o buscas un perro tranquilo de sofá, hay razas que encajarán mejor contigo.
Carácter y temperamento
El temperamento es, quizá, lo que mejor define a esta raza. El Retriever de Nueva Escocia es un perro despierto, curioso, alerta y con una energía que no decae con facilidad. Es cariñoso, deseoso de agradar y se mantiene “ocupado” por naturaleza: siempre tiene algo entre manos. Esa combinación de cabeza y motor lo convierte en un compañero divertidísimo para quien sabe canalizarlo, y en un pequeño torbellino para quien no.
Es un animal de trabajo de pies a cabeza, y eso significa que es feliz cuando tiene una tarea que cumplir. No le basta con dar un paseo: necesita pensar, resolver y participar. A cambio, ofrece una entrega enorme, una conexión intensa con su familia y una alegría contagiosa. Su pasión por cobrar objetos, su “birdiness” (esa fijación natural por las aves) y su amor por el agua forman parte de su esencia.
Con su gente es expresivo y demostrativo, pero con los extraños se muestra prudente y algo reservado. No es un perro agresivo ni ladrador escandaloso; de hecho, su sonido más característico no es un ladrido sino el llamado “toller scream”, un aullido agudo que emite cuando está emocionado y que muchos describen como “cantar”.
Convivencia: niños, otras mascotas, piso y soledad

La convivencia con un toller depende mucho de lo bien que cubras sus necesidades. Estos son los puntos clave:
- Con niños: es un excelente perro de familia y se lleva muy bien con los niños. Su energía y ganas de jugar lo convierten en un buen compañero de juegos, siempre con la supervisión y el respeto mutuo que exige cualquier perro.
- Con otros perros: suele entenderse bien con sus congéneres, sobre todo si ha sido socializado desde cachorro.
- Con gatos y animales pequeños: aquí hay que ir con cuidado. Tiene un instinto de presa marcado y puede perseguir gatos u otros animales. Si convive con un gato desde pequeño, la cosa suele funcionar; presentaciones tardías son más complicadas.
- En piso: puede vivir en un apartamento siempre que se le garantice muchísimo ejercicio y estimulación mental diaria. No es el tamaño lo que lo limita, sino su necesidad de gastar energía.
- Ante la soledad: es su punto débil. Si pasa demasiado tiempo solo o sin actividad, puede volverse destructivo. No es un perro para quien pasa fuera todo el día.
- Con desconocidos: su carácter cauto lo hace reservado. La exposición temprana a personas, lugares, olores y situaciones nuevas es crucial para que crezca equilibrado.
Educación y adiestramiento
Pocas razas hacen el adiestramiento tan agradecido como el Retriever de Nueva Escocia. Es muy inteligente, tiene un fuerte impulso por cobrar y vive por agradar a su guía, así que aprende rápido y disfruta del proceso. El refuerzo positivo —premios, juego y, sobre todo, lanzarle algo para que lo traiga— funciona de maravilla con él.
La clave no está tanto en “enseñarle a obedecer” como en darle estructura y trabajo mental. Un toller aburrido se inventa sus propias actividades, y rara vez te van a gustar. Sesiones cortas, variadas y motivadoras rinden mucho más que la repetición monótona.
La socialización temprana es la otra gran prioridad. Por su naturaleza cautelosa, un toller poco socializado puede acabar siendo tímido, nervioso o reactivo de adulto. Exponerlo de cachorro, de forma positiva, a todo tipo de estímulos es la mejor inversión que puedes hacer en su educación.
Ejercicio y actividad
Si hay un apartado innegociable en esta raza, es este. El Retriever de Nueva Escocia necesita ejercicio físico todos los días, y no poco. Hablamos de un perro criado para pasar horas dentro y fuera del agua, con resistencia y un amor genuino por el trabajo. Un par de paseos cortos no bastan.
Lo ideal es combinar gasto físico y mental: carreras, juegos de cobro, natación, caminatas largas y, muy especialmente, deportes caninos. El toller brilla en agility, dock diving (saltos al agua), obediencia, flyball, disc dog, lure coursing y mantrailing. Su olfato fino, su inteligencia y su tamaño lo hacen además un excelente perro de búsqueda y rescate.
Cuando no recibe suficiente actividad o se le deja solo demasiado tiempo, aparecen los problemas: destrozos, ansiedad y conductas repetitivas. Darle un “trabajo” diario no es un lujo, es una necesidad para su equilibrio.
Cuidados: pelaje e higiene
El mantenimiento del pelaje es sorprendentemente sencillo para un perro tan vistoso. El toller tiene un manto doble, repelente al agua, de longitud media y suave, con un subpelo denso. Es un pelaje “de trabajo”, pensado para secarse rápido y proteger del frío, no para la peluquería.
El cepillado semanal suele ser suficiente para mantenerlo en buen estado, intensificándolo durante las mudas estacionales, que son notables: en esas épocas perderá bastante pelo y agradecerás cepillarlo más a menudo. No necesita cortes de pelo: su manto debe lucir natural. Los baños, solo cuando de verdad haga falta, para no dañar la capa protectora.
Como en cualquier raza, completa la rutina con revisión y limpieza de orejas, corte de uñas e higiene dental regular. Y, dado que adora el agua, conviene secar bien sus orejas tras los baños o chapuzones para prevenir infecciones.
Alimentación
Al ser un perro mediano y tremendamente activo, el Retriever de Nueva Escocia necesita una alimentación de calidad que cubra su gasto energético. La cantidad exacta depende de su edad, peso, nivel de actividad y metabolismo, así que lo mejor es ajustarla observando su condición corporal: debes poder palparle las costillas sin que se le marquen en exceso.
Reparte la ración diaria en dos comidas para favorecer la digestión y evitar grandes ingestas de golpe. En perros muy deportistas conviene cuidar el aporte de proteína y grasa de calidad, y mantenerlo siempre bien hidratado. Ante dudas sobre raciones, cambios de dieta o suplementos, tu veterinario es el mejor consejero.
Salud y esperanza de vida
En conjunto, el Retriever de Nueva Escocia es un perro robusto. Un estudio británico de 2024 situó su esperanza de vida en torno a los 13 años, por encima de la media de los perros de raza. Aun así, como casi todas las razas, arrastra algunas predisposiciones genéticas, en parte por contar con un pool genético relativamente reducido.
Los problemas más relevantes descritos en la raza son:
- Enfermedades inmunitarias: los clubes de raza señalan las afecciones del sistema inmune como su mayor reto, incluida la enfermedad reumática inmunomediada y la meningitis-arteritis que responde a corticoides.
- Problemas oculares: destaca la atrofia progresiva de retina (PRA), que afecta a cerca del 7 % de los ejemplares, y la anomalía del ojo del collie, de incidencia menor.
- Displasia de cadera: presente como en muchos perros de tamaño medio-grande.
- Tiroiditis autoinmune: identificada como prioridad por los criadores; puede cursar con aumento de peso, problemas de piel y pelo o intolerancia al frío.
- Enfermedad de Addison: con una incidencia muy superior a la media canina, por lo que se vigila especialmente.
- Epilepsia y algún caso de paladar hendido de forma específica de la raza.
La buena noticia es que existen pruebas genéticas y de salud para varias de estas enfermedades (ojos, tiroides, una forma de Addison y una de paladar hendido). Por eso es tan importante acudir a criadores responsables que realicen estos test a los reproductores. Las revisiones veterinarias periódicas completan la mejor estrategia de prevención.
Aspecto físico
El Retriever de Nueva Escocia es el más pequeño de los perros cobradores y, a primera vista, recuerda a un Golden Retriever en miniatura, aunque es más compacto, atlético y mentalmente despierto. Según el estándar, debe ser musculoso, equilibrado y potente, de hueso medio y pecho profundo, con una estructura capaz de trabajar sin problemas: ni demasiado ligero ni demasiado pesado.
De tamaño mediano, se mueve en una alzada aproximada de entre 43 y 53 cm a la cruz (las hembras algo menores que los machos) y un peso que ronda los 17 a 23 kg. Sus patas son fuertes y, un detalle curioso, palmeadas, lo que delata su vocación acuática.
El manto es doble y repelente al agua, de longitud media, recto (puede ondularse ligeramente en el lomo) y con flecos suaves y moderados. El color es siempre algún tono de rojo, desde el rojo dorado hasta el cobrizo oscuro, con zonas más claras en la parte inferior de la cola y el cuerpo. Es muy habitual que presente marcas blancas en la punta de la cola, el pecho y los pies, aunque su ausencia no se considera un defecto. La cabeza, limpia y ligeramente acuñada, evoca la de un zorro; las orejas son triangulares y de inserción alta, y la expresión, amable, alerta e inteligente, con ojos de color ámbar a marrón oscuro.
Origen e historia
La historia de esta raza es tan singular como su forma de trabajar. Se desarrolló a comienzos del siglo XIX en la comunidad acadiana de Little River Harbour, en el condado de Yarmouth, al suroeste de Nueva Escocia (Canadá). De ahí sus primeros nombres: “Little River Duck Dog” y “Yarmouth Toller”. Sus orígenes exactos no están del todo claros, pero parece que en la mezcla intervinieron perros de tipo retriever, spaniel, setter y, posiblemente, algún collie de granja.
Su función original le dio nombre: el “tolling”. El cazador se escondía y enviaba al perro a jugar en la orilla, lanzándole un palo o una pelota. Con su pelaje rojizo, sus movimientos vivaces y sus marcas blancas, el perro parecía un zorro y despertaba la curiosidad de patos y gansos, que se acercaban nadando a investigar. Cuando las aves estaban a tiro, el cazador llamaba al perro, se incorporaba para levantar a las aves y, tras el disparo, el toller cobraba las piezas, incluso en aguas heladas gracias a su manto doble.
El Canadian Kennel Club reconoció oficialmente la raza en 1945. Llegó el reconocimiento nacional en 1980 y, en 1995, fue declarada perro provincial de Nueva Escocia. El American Kennel Club la admitió plenamente en su grupo deportivo en 2003. Estuvo al borde de la extinción y se recuperó gracias al trabajo de criadores canadienses y escandinavos, que hoy siguen siendo clave para preservar su diversidad genética.
Curiosidades
- Atrae patos imitando a un zorro: el “tolling” es un comportamiento de caza único entre los cobradores y le da nombre a la raza.
- El “toller scream”: su sonido más famoso no es un ladrido, sino un aullido agudo de pura emoción que muchos describen como un canto.
- Patas palmeadas: un rasgo poco habitual que mejora su nado y delata su origen acuático.
- Es el cobrador más pequeño: se confunde a menudo con un Golden Retriever joven, pero es más compacto y más activo.
- Perro provincial de Nueva Escocia: un honor oficial que comparten muy pocas razas con su tierra de origen.
- Parentesco lejano: comparte un método de trabajo similar con el Kooikerhondje holandés, otro pequeño perro de reclamo de patos.
Si te atrae el Retriever de Nueva Escocia por su lado cobrador, atlético y familiar, quizá te interesen otras razas afines. Su parentesco con los perdigueros lo acerca al Golden Retriever y al Labrador Retriever, dos clásicos cobradores familiares. Para quien busca un cobrador de aguas frías más rústico, el Chesapeake Bay Retriever es una opción potente; y, recordando el componente spaniel de su ascendencia, vale la pena conocer al Cocker Spaniel.
Preguntas frecuentes sobre el Retriever de Nueva Escocia
¿El Retriever de Nueva Escocia es un buen perro para familias?
Sí. Es cariñoso, juguetón y se lleva muy bien con los niños, lo que lo convierte en un buen perro de familia. Eso sí, necesita una familia activa capaz de darle mucho ejercicio y estimulación mental a diario.
¿Cuánto ejercicio necesita un toller?
Mucho. Es un perro de trabajo con energía muy alta que requiere actividad física e intelectual todos los días: carreras, natación, juegos de cobro y deportes caninos. Sin suficiente ejercicio tiende a aburrirse y a desarrollar conductas destructivas.
¿Por qué se llama “duck tolling retriever”?
Por su forma de cazar, el “tolling”: juega en la orilla imitando a un zorro para despertar la curiosidad de los patos y atraerlos hacia el cazador. Después cobra las piezas abatidas, incluso en aguas frías.
¿Es difícil de adiestrar?
Todo lo contrario: es muy inteligente, deseoso de agradar y con gran impulso de cobro, así que aprende rápido con refuerzo positivo. La clave es darle trabajo mental, sesiones variadas y una buena socialización temprana.
¿Qué es el “toller scream”?
Es un sonido característico de la raza: un aullido agudo, casi un canto, que el perro emite cuando está muy emocionado. No lo usa en situaciones de tensión, sino como expresión de entusiasmo.
¿Cuánto vive un Retriever de Nueva Escocia?
Es una raza longeva para su tamaño. Un estudio británico de 2024 estimó su esperanza de vida en torno a los 13 años, por encima de la media de los perros de raza, siempre con buenos cuidados y revisiones veterinarias.
¿Puede vivir en un piso?
Sí, su tamaño mediano lo permite, pero con una condición ineludible: necesita muchísimo ejercicio y estimulación diaria. Lo que limita su adaptación a un piso no es el espacio, sino su elevada necesidad de actividad.
¿Se lleva bien con gatos y otros animales?
Con otros perros suele entenderse bien si está socializado. Con gatos hay que tener cuidado por su fuerte instinto de presa: si conviven desde cachorro la cosa funciona, pero las presentaciones tardías son más complicadas.