El Galgo Italiano es el más pequeño de todos los lebreles: un perro elegante, fino y sorprendentemente veloz que cabe en el regazo pero conserva la silueta y el instinto de un galgo de carreras. Cariñoso, sensible y muy apegado a su familia, encaja de maravilla en pisos y hogares tranquilos. En esta guía repasamos a fondo el carácter, los cuidados, la salud y la historia del Galgo Italiano para que sepas si es el compañero que buscas.
¿Es el Galgo Italiano para ti?
El Galgo Italiano es un perro de contrastes: parece un objeto de cristal y, sin embargo, es un atleta capaz de volar por el jardín. Antes de enamorarte solo de su estampa, conviene ver sus luces y sus sombras de un vistazo.
A favor
- Tamaño mini, perfecto para piso y para llevar a todas partes.
- Extremadamente cariñoso y apegado a su familia.
- Pelo corto: apenas suelta pelo y casi no huele a perro.
- Limpio, discreto y poco ladrador.
- Necesidades de ejercicio moderadas; tranquilo en casa.
- Raza longeva y, en conjunto, bastante sana.
A tener en cuenta
- Huesos delicados hasta el año y medio: riesgo de fracturas.
- Muy sensible al frío y a la humedad: necesita abrigo.
- Fuerte instinto de persecución: cuidado al soltarlo.
- Sensible; puede volverse tímido si no se socializa bien.
- No es ideal con niños muy pequeños y bruscos.
- El aprendizaje de la limpieza en casa puede costar.
Carácter y temperamento
Detrás de su aire aristocrático se esconde un perro tierno, juguetón y profundamente dependiente del cariño humano. El Galgo Italiano vive pendiente de su familia: busca el contacto, se acurruca bajo las mantas y suele elegir como sitio favorito el hueco que dejas a tu lado en el sofá. Es lo que muchos llaman un perro “velcro”, de los que te siguen de habitación en habitación.
De cachorro y joven es alegre y travieso, con explosiones de energía en las que corre en círculos a toda velocidad para, un minuto después, quedarse dormido como si nada. Con los años se vuelve más sereno y reservado, especialmente con los desconocidos, ante los que se muestra prudente más que agresivo. Es un perro inteligente y muy sensible al tono de voz y al ambiente: las casas tensas, los gritos o la soledad prolongada le afectan y pueden volverlo tímido o nervioso. A cambio, en un hogar tranquilo y afectuoso devuelve una compañía leal y delicada difícil de igualar.
Convivencia: niños, otras mascotas, piso y soledad
- Con niños: es juguetón y dulce, pero sus patas finas se rompen con facilidad de joven. Convive bien con niños tranquilos y respetuosos; conviene supervisar el juego y enseñar a los más pequeños a cogerlo con cuidado y a no perseguirlo.
- Con otros perros: es sociable y se entiende mejor con perros de tamaño pequeño o medio. Con perros muy grandes o atropellados hay que tener cuidado, no por mal carácter, sino por el riesgo físico de un golpe o un pisotón.
- Con gatos y pequeñas mascotas: al ser un lebrel, conserva instinto de caza. Puede convivir con un gato con el que se haya criado, pero los pájaros, roedores o conejos pueden despertar su instinto de persecución.
- En piso: es uno de los mejores perros de apartamento que existen: pequeño, limpio, silencioso y dormilón. No necesita jardín, sino paseos y un rincón calentito donde refugiarse.
- Ante la soledad: es su punto débil. Tan apegado como es, lleva mal quedarse muchas horas solo y puede sufrir ansiedad por separación. Encaja mejor con personas que pasan bastante tiempo en casa o que pueden llevarlo consigo.
Educación y adiestramiento
El Galgo Italiano es listo y aprende rápido, pero es tan sensible que el método lo es todo. Responde de maravilla al refuerzo positivo —premios, caricias, voz amable— y se bloquea o se asusta con los castigos, los tirones y los gritos. Las sesiones deben ser cortas, alegres y sin presión.
Dos retos concretos marcan su educación. El primero es la llamada: como buen lebrel, si algo se mueve y arranca a perseguirlo, puede desconectar del mundo; hay que trabajar la llamada desde cachorro y, hasta tenerla muy sólida, soltarlo solo en zonas seguras. El segundo es el aprendizaje de la limpieza: es una raza a la que clásicamente le cuesta más hacer sus necesidades fuera, en parte porque le incomoda salir cuando hace frío o llueve. Con rutina, paciencia y mucho refuerzo positivo se consigue, pero conviene armarse de constancia y no frustrarse. La socialización temprana con personas, ruidos, superficies y otros perros es clave para evitar que el adulto se vuelva miedoso.
Ejercicio y actividad
Aunque en casa sea un dormilón, no hay que olvidar que por dentro late un galgo. El Galgo Italiano disfruta enormemente corriendo: en campo abierto y seguro puede lanzarse en ese galope de doble suspensión —en el que las cuatro patas quedan en el aire— y alcanzar ráfagas de hasta 60 km/h. Esos momentos de carrera libre son su mayor placer y una excelente vía de desfogue.
Sus necesidades, sin embargo, son moderadas: dos o tres paseos diarios, algún juego y la posibilidad de correr de vez en cuando bastan para mantenerlo equilibrado. No es un perro de grandes distancias ni de deporte extremo, aunque destaca en disciplinas como el lure coursing (carreras tras un señuelo), que aprovechan su instinto de caza de forma controlada y divertida. Eso sí: en los días muy fríos conviene acortar las salidas o abrigarlo bien.
Cuidados: pelaje e higiene
En cuanto al manto, el Galgo Italiano es de los perros más fáciles de mantener. Su pelo es corto, fino, satinado y pegado al cuerpo, sin subpelo, de modo que suelta muy poco y prácticamente no desprende olor. Basta con pasarle un guante de goma o un paño una o dos veces por semana para retirar el pelo muerto y dejarlo reluciente; el baño solo es necesario muy de vez en cuando.
El verdadero cuidado está en otros detalles. La dentadura es su talón de Aquiles: tiende a acumular sarro y a sufrir problemas dentales, así que el cepillado regular de los dientes es muy recomendable. Conviene revisar y cortar las uñas, vigilar las orejas y, sobre todo, protegerlo del frío: por su pelo cortísimo y su escasa grasa corporal, un abrigo o jersey en invierno no es un capricho, sino una necesidad. Una buena cama, mullida y resguardada de corrientes, completará su bienestar.
Alimentación
El Galgo Italiano no necesita grandes cantidades de comida, pero sí calidad y mesura. Lo ideal es un alimento completo y equilibrado, adaptado a su tamaño, edad y nivel de actividad, repartido en dos tomas diarias. Por su estructura ligera, conviene vigilar que no se quede ni demasiado delgado ni con sobrepeso: en un perro tan fino, unos pocos gramos de más cargan sus articulaciones y su columna, mientras que adelgazar en exceso es fácil porque se mueve mucho cuando corre.
Al ser una raza propensa a problemas dentales, los premios y la textura de la comida también cuentan; pregunta a tu veterinario qué dieta y qué snacks ayudan a cuidar su boca. Y, como siempre con los lebreles, ten a mano agua fresca y evita el ejercicio intenso justo después de comer.
Salud y esperanza de vida
El Galgo Italiano parece más frágil de lo que realmente es y, de hecho, es una raza longeva: su esperanza de vida media ronda los 14 años, por encima de la media canina, y muchos ejemplares llegan y superan los 13-15 años con buena calidad de vida. Curiosamente, es uno de los perros menos afectados por la displasia de cadera: en un amplio estudio estadounidense sobre 157 razas, figuró como la de menor incidencia.
Sus puntos de atención son otros. De cachorro y hasta el año y medio aproximadamente, sus huesos largos son muy delicados y las fracturas de las patas son la lesión más típica tras una caída o un salto desde el sofá; hay que evitar que salte desde alturas y supervisar el juego. La raza puede presentar algunas alteraciones neurológicas de base, como sordera congénita o problemas de los discos cervicales, además de la ya citada tendencia a los problemas dentales. Su sensibilidad al frío y a ciertos anestésicos (común en lebreles) son aspectos que tu veterinario tendrá en cuenta. Con revisiones periódicas, control del peso y cuidado dental, es un perro que suele acompañar muchos años.
Aspecto físico
El Galgo Italiano es, en esencia, un galgo en miniatura de líneas armoniosas y elegantes. Mide entre 32 y 38 cm a la cruz y, según el estándar de la FCI, no debería superar los 5 kg de peso, aunque algunos ejemplares de líneas más grandes se acercan a los 6-8 kg. Su silueta es inconfundible: pecho profundo, vientre muy recogido, patas largas y finísimas, cuello largo y arqueado y una cabeza pequeña, alargada y estrecha que termina en un hocico afilado.
Se mueve con un trote alto y elástico, casi de bailarín, y a la carrera despliega el galope volador propio de los lebreles. El pelo es corto, fino y satinado. En cuanto a los colores, el estándar admite el negro, el gris y el isabela (un tono crema-leonado) en todas sus tonalidades; solo se aceptan marcas blancas en el pecho y en los pies.
Origen e historia
El Galgo Italiano es una raza antiquísima. Se han hallado restos de perros muy similares en tumbas egipcias de hace miles de años, y pequeños lebreles de su tipo aparecen ya en el arte de la Antigüedad. Su función original era la caza de la liebre y el conejo, aprovechando su vista y su velocidad, pero pronto se ganó un papel muy distinto: el de perro de regazo y símbolo de elegancia.
Durante el Renacimiento y los siglos posteriores, estos pequeños galgos fueron auténticos favoritos de la nobleza y la realeza europea. Se les asocia con familias como los Médici, los D’Este o los Visconti, con reyes franceses, con Federico el Grande de Prusia, Catalina la Grande de Rusia o la reina Victoria, y quedaron inmortalizados en esculturas y pinturas de maestros como Giotto o Tiepolo. Llegaron al Reino Unido en el siglo XIX, donde se les conoció como Italian Greyhounds; allí se fundó un club de la raza en 1900 y la American Kennel Club empezó a registrarlos en 1886.
El moderno Piccolo Levriero Italiano se fue fijando a finales del siglo XIX y principios del XX. Las dos guerras mundiales estuvieron a punto de hacer desaparecer la raza, que solo empezó a recuperarse a partir de los años cincuenta gracias al esfuerzo de criadores apasionados. La Fédération Cynologique Internationale la reconoció definitivamente en octubre de 1956. Hoy la FCI la clasifica en el Grupo 10 (lebreles), Sección 3 (lebreles de pelo corto), mientras que clubes como la AKC la encuadran entre las razas toy o de compañía, reflejo de su doble alma de cazador y perro de salón.
Curiosidades
- Es el lebrel más pequeño del mundo: un galgo de verdad reducido a tamaño de bolsillo por selección, no un cruce.
- Su galope es de “doble suspensión”: hay dos momentos en cada zancada en que las cuatro patas quedan en el aire.
- Es de los perros menos propensos a la displasia de cadera de todas las razas estudiadas.
- Acumuló tantos admiradores ilustres que se le conoce como “el perro de los reyes”: de los Médici a la reina Victoria.
- Adora el calor: no es raro encontrarlo enterrado entre mantas o buscando el rayo de sol más caliente de la casa.
- En inglés se llama Italian Greyhound y en italiano Piccolo Levriero Italiano; la FCI usa el nombre Italian Sighthound.
Si te atrae el Galgo Italiano, quizá quieras comparar su carácter y sus cuidados con los de otros lebreles y razas afines. Echa un vistazo al Whippet, su pariente cercano de talla intermedia; al Greyhound, el galgo inglés de carreras; al elegante Saluki; o al espectacular Galgo Afgano. Comparar familias de lebreles te ayudará a elegir el compañero que mejor encaja con tu vida.
Preguntas frecuentes sobre el Galgo Italiano
¿El Galgo Italiano es un buen perro para vivir en piso?
Sí. Es uno de los lebreles que mejor se adapta a un piso: es pequeño, limpio, ladra poco y pasa buena parte del día durmiendo enroscado en un sitio caliente. Solo necesita salir a pasear y desfogarse con algunas carreras cortas. Lo importante no son los metros cuadrados, sino el tiempo y la compañía que le dediques.
¿Cuánto vive un Galgo Italiano?
Es una raza longeva: su esperanza de vida media ronda los 14 años, y con frecuencia llega y supera los 13-15 años. Aunque parece frágil, suele gozar de buena salud si se cuida su peso, su dentadura y se le protege del frío.
¿El Galgo Italiano pierde mucho pelo?
Muy poco. Tiene un pelo corto, fino y pegado al cuerpo, sin subpelo lanoso, así que apenas suelta y casi no huele a perro. Con pasar un guante o un paño una o dos veces por semana es suficiente para mantenerlo brillante.
¿Pasa frío el Galgo Italiano?
Mucho. Al tener el pelo cortísimo, poca grasa corporal y una piel muy fina, es de las razas más sensibles al frío y a la humedad. En invierno necesita abrigo o jersey para salir, una cama caliente y resguardada, y no es un perro pensado para vivir en el exterior.
¿Es bueno con los niños?
Es cariñoso y juguetón, pero sus huesos son muy delicados, sobre todo de cachorro. Convive bien con niños tranquilos y respetuosos que sepan cogerlo con cuidado, mientras que los juegos bruscos o las caídas pueden provocarle fracturas. No es el perro ideal para una casa con niños muy pequeños y movidos.
¿Necesita mucho ejercicio?
Tiene necesidades moderadas. Le bastan dos o tres paseos diarios combinados con algún rato de carrera libre en un sitio seguro, donde pueda alcanzar su velocidad de galgo. No es un perro hiperactivo: tras desfogarse, es tranquilo y dormilón en casa.
¿Se le puede soltar de la correa?
Con prudencia. Sigue siendo un lebrel con fuerte instinto de persecución: si arranca detrás de un gato, un pájaro o una hoja, es muy rápido y puede no responder a la llamada. Conviene soltarlo solo en zonas valladas o seguras y trabajar mucho la llamada desde cachorro.
¿Cuánto mide y pesa un Galgo Italiano?
Mide entre 32 y 38 cm a la cruz y, según el estándar de la FCI, no debería superar los 5 kg; algunos ejemplares de líneas más grandes pueden acercarse a los 6-8 kg. Es el más pequeño de todos los lebreles.