Bullmastiff, perro de raza

Bullmastiff

El Bullmastiff es un moloso británico, guardián sereno y poco ladrador. Descubre su carácter, cuidados, salud, tamaño e historia en esta guía completa.

OrigenReino Unido (Inglaterra)
Grupo FCIGrupo 2 (molosoides tipo mastín)
TamañoGrande
AlturaMachos 64-69 cm; hembras 61-66 cm
PesoMachos 50-59 kg; hembras 41-50 kg
Esperanza de vidaAproximadamente 10 años
EnergíaMedia
PelajeCorto, leonado, rojo o atigrado con máscara negra
Función originalPerro guardián de fincas (perseguir cazadores furtivos)
LealTranquiloProtectorInteligenteValiente

El Bullmastiff es un moloso británico de gran tamaño, criado en el siglo XIX para vigilar las grandes fincas inglesas y frenar a los cazadores furtivos. Combina la masa y la fuerza del mastín con la determinación del antiguo bulldog, pero su carácter es sorprendentemente sereno y casero. Si buscas un guardián tranquilo, poco ladrador y profundamente apegado a su familia, el Bullmastiff es una de las razas más interesantes que puedes conocer.

¿Es el Bullmastiff para ti?

Antes de enamorarte de su cara arrugada conviene ser honesto: el Bullmastiff es un perro grande, fuerte y con instinto protector, que necesita un dueño tranquilo, presente y dispuesto a educarlo bien desde cachorro. No es un perro complicado de mantener en el día a día, pero sí es mucho perro. Estas son sus luces y sus sombras.

A favor

  • Guardián natural, disuasorio y muy fiable, sin necesidad de adiestramiento agresivo.
  • Tranquilo y casero: poco ladrador y solo moderadamente activo en casa.
  • Se adapta bien a la vida en piso y en ciudad.
  • Mantenimiento de pelo sencillo, de pelo corto.
  • Cariñoso y leal, acepta las órdenes de toda la familia, no de un solo dueño.
  • Necesidades de ejercicio moderadas.

A tener en cuenta

  • Es un perro muy grande y pesado: 50 kg o más en los machos.
  • Esperanza de vida corta, en torno a los 10 años.
  • Propenso a displasias, torsión gástrica y ciertos tumores.
  • Babea y ronca por su hocico corto; mal tolerante al calor.
  • Necesita socialización y límites firmes desde cachorro.
  • Lleva mal la soledad prolongada.

Carácter y temperamento

Bullmastiff leonado de cuerpo entero en una exposición canina
Bullmastiff. Foto: Томасина, CC BY-SA 3.0, vía Wikimedia Commons

El Bullmastiff es, ante todo, un guardián inteligente, discreto y eficaz. A diferencia de otros molosos más reactivos, destaca por su gran capacidad de discriminación: sabe distinguir una situación normal de una amenaza real y no malgasta ladridos. De hecho es un perro poco ladrador, que prefiere imponer con su presencia antes que con el escándalo.

En casa es un perro sereno, tranquilo y profundamente familiar. Le gusta estar cerca de los suyos, vigilar sin agobiar y descansar a sus pies. Esa calma doméstica convive con un fuerte instinto protector que se activa cuando percibe que su gente o su territorio están en peligro. Una particularidad muy valorada de la raza es que mide muy bien su fuerza y nunca ataca para hacer sangre: su forma instintiva de neutralizar a un intruso es derribarlo y bloquearlo con el cuerpo, no morderlo.

Otro rasgo que facilita mucho la convivencia es que no es un perro “de un solo dueño”. Acepta de buen grado las indicaciones de todos los miembros de la casa, incluidos los más pequeños, lo que lo convierte en un compañero familiar muy equilibrado siempre que reciba una buena educación.

Convivencia: niños, otras mascotas, piso y soledad

  • Con niños: suele ser tolerante, paciente y cariñoso con los niños de la familia. Por su tamaño y su fuerza, conviene supervisar siempre el juego con los más pequeños para evitar empujones o caídas accidentales.
  • Con otras mascotas: bien socializado desde cachorro puede convivir con otros perros y animales del hogar. Los machos pueden mostrar cierta rivalidad con otros machos, así que la socialización temprana es clave.
  • En piso: se adapta sorprendentemente bien. Es casero, poco ladrador y moderadamente activo dentro de casa, por lo que la vida en piso y en ciudad no es un problema si sale a pasear a diario.
  • Soledad: es un perro de familia muy apegado a su gente. Tolera mal la soledad prolongada, así que no es la mejor opción si va a pasar muchas horas solo todos los días.

Educación y adiestramiento

El Bullmastiff es inteligente y quiere agradar, pero conserva el punto de independencia y testarudez propio de los molosos. La fórmula que mejor funciona es la coherencia: sesiones cortas, refuerzo positivo, paciencia y normas claras desde el primer día. Un perro de este tamaño y con este carácter guardián no puede crecer sin límites.

La socialización temprana es absolutamente innegociable. Exponer al cachorro a personas, ruidos, otros perros y situaciones distintas durante sus primeros meses construye al adulto equilibrado y seguro que la raza promete. La obediencia básica —acudir a la llamada, andar con correa sin tirar, sentarse y quedarse— debe estar bien asentada antes de que alcance su tamaño y su peso definitivos.

Un punto importante: el adiestramiento en ataque está totalmente desaconsejado en esta raza. El Bullmastiff ya es un guardián por naturaleza; potenciar la agresividad solo desvirtúa su carácter y crea problemas.

Ejercicio y actividad

Sus necesidades de ejercicio son moderadas. A un adulto le bastan un par de paseos diarios y algún rato de juego tranquilo para estar feliz y en forma; no es un perro hiperactivo ni un atleta de resistencia. Su masa y su hocico corto hacen que tolere mal el esfuerzo intenso y, sobre todo, el calor, así que conviene evitar las horas centrales del día en verano.

El capítulo más delicado es el ejercicio durante el crecimiento. Es fundamental controlarlo mucho en la etapa crítica de desarrollo —hasta los 15-16 meses en los machos y unos 10 meses en las hembras— para no sobrecargar unas articulaciones que todavía están formándose. Saltos, escaleras y carreras largas en el cachorro pueden traducirse en problemas musculoesqueléticos en el adulto. Por la misma razón hay que vigilar que el cachorro no coja sobrepeso.

Cuidados: pelaje e higiene

Bullmastiff de capa atigrada (brindle) de perfil
Bullmastiff atigrado. Foto: Canarian, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons

Una de las grandes ventajas del Bullmastiff es lo sencillo de su mantenimiento. Tiene el pelo corto y una única muda destacada al año, en primavera. Con un cepillado enérgico tres veces por semana, a favor y a contrapelo, basta para mantener el manto limpio y brillante y para controlar el olor corporal.

Los baños frecuentes están desaconsejados porque alteran el pH natural de la piel. Si en algún momento es imprescindible bañarlo, conviene hacerlo con champú de pH neutro y agua tibia, aclarando muy bien para no dejar restos de jabón y secando con cuidado todo el cuerpo, prestando especial atención a los pliegues.

Precisamente esos pliegues faciales y las orejas merecen una revisión periódica: hay que mantenerlos limpios y secos para evitar irritaciones e infecciones de oído, a las que la raza es propensa. Completan la rutina el cepillado dental, el corte de uñas y la limpieza ocular habitual.

Alimentación

Como gigante de crecimiento lento, el Bullmastiff necesita una alimentación de calidad y, sobre todo, bien medida. En la etapa de cachorro lo prioritario no es que crezca rápido, sino que crezca de forma controlada: el exceso de peso y de energía durante el desarrollo sobrecarga las articulaciones y favorece las displasias. Por eso conviene evitar el sobrepeso desde el principio.

En el adulto, lo razonable es repartir la ración diaria en dos comidas en lugar de una sola toma abundante, y evitar el ejercicio justo antes y después de comer. Esta es una medida de prudencia importante porque la raza, como otros perros grandes de pecho profundo, es propensa a la torsión gástrica (dilatación-vólvulo), una urgencia veterinaria grave. Ante cualquier duda sobre cantidades, tipo de pienso o suplementos, lo mejor es seguir las pautas del veterinario.

Salud y esperanza de vida

La esperanza de vida del Bullmastiff es de unos 10 años; un estudio británico de 2024 cifró la media de la raza en 10,2 años, por debajo de la media de los perros de raza pura. Como en la mayoría de los molosos grandes, la longevidad es su punto débil, y conocer sus problemas de salud típicos ayuda a prevenir y a detectar a tiempo.

Entre las afecciones más frecuentes de la raza destacan:

  • Displasia de cadera y de codo: son problemas articulares relativamente comunes en la raza; conviene elegir cachorros de padres con pruebas de cadera y codo.
  • Torsión gástrica (dilatación-vólvulo): urgencia grave típica de perros grandes de pecho profundo.
  • Atrofia progresiva de retina: existe una forma hereditaria en la raza, asociada a una mutación del gen RHO, que provoca pérdida de visión.
  • Cáncer: presenta una incidencia relativamente alta de linfoma y de mastocitomas (tumores de mastocitos).
  • Entropión e hipotiroidismo: entre otros problemas hereditarios descritos en la raza.
  • Infecciones de oído: a las que es propenso, de ahí la importancia de revisar y secar bien las orejas.

Conviene saber, además, que el Bullmastiff es un perro braquicéfalo, de cara plana y hocico corto, aunque esta morfología no suele comprometer su respiración tanto como en otras razas. Acudir a criadores responsables que realicen pruebas de salud y mantener revisiones veterinarias periódicas es la mejor inversión en su bienestar.

Aspecto físico

Cabeza de Bullmastiff leonado con máscara negra
Bullmastiff. Foto: Pleple2000, CC BY-SA 3.0, vía Wikimedia Commons

El Bullmastiff es un perro grande, de constitución sólida y aspecto imponente y disuasorio. Tiene buenos huesos, el pecho ancho y profundo y una espalda potente que transmiten fuerza sin caer en la pesadez. Los machos miden alrededor de 64-69 cm a la cruz y pesan entre 50 y 59 kg, mientras que las hembras se sitúan en 61-66 cm y 41-50 kg.

Su sello de identidad es la cabeza: cuadrada vista desde cualquier ángulo, con un morro ancho y de mediana longitud recubierto por una máscara negra que se extiende alrededor de unos ojos oscuros, de mirada intensa y profunda. Las orejas, en forma de V, son de un tono más oscuro que el manto, preferiblemente negras. El pelo es corto y la capa puede ser leonada —en todas las tonalidades, desde el arena hasta el rojo intenso— o atigrada (brindle); se admite algo de blanco limitado en el pecho.

Origen e historia

El Bullmastiff es una raza británica que se forjó en la Inglaterra del siglo XIX a partir del cruce entre el mastín inglés y el antiguo bulldog inglés, hoy extinto. La idea era obtener un perro que sumara lo mejor de ambos: el tamaño, la fuerza y el temple del mastín con la valentía, la rapidez y la determinación del bulldog de la época.

Su gran cometido fue la guarda de las grandes fincas y cotos privados frente a los cazadores furtivos. Por eso se ganó el sobrenombre de “perro nocturno del guardabosque” (Gamekeeper’s Night Dog): patrullaba de noche y, cuando sorprendía a un furtivo, lo perseguía y lo derribaba para inmovilizarlo con el peso de su cuerpo hasta la llegada del guarda, sin necesidad de morderlo. Esa contención forma parte de su esencia desde el origen.

La raza obtuvo el reconocimiento oficial del Kennel Club británico en 1924, con un primer estándar que apenas ha variado desde entonces. El American Kennel Club la reconoció en 1934 y la Federación Cinológica Internacional (FCI) la aceptó de forma definitiva en 1955; hoy se encuadra en el Grupo 2 de la FCI, el de los molosoides de tipo mastín. Para registrar un ejemplar como Bullmastiff de pura raza se exigían al menos cuatro generaciones descendientes de Bullmastiff, sin aportes de bulldog ni de mastín.

Curiosidades

  • Su apodo histórico, “perro nocturno del guardabosque”, resume a la perfección su trabajo original: vigilancia silenciosa y captura sin derramamiento de sangre.
  • En 1928, la compañía diamantífera De Beers importó Bullmastiffs a Sudáfrica para vigilar sus minas de diamantes.
  • A diferencia de otros molosos, su instinto no es morder sino derribar y bloquear al intruso con el cuerpo: mide su fuerza y rara vez causa daño.
  • Es un perro de un solo objetivo y mil matices: imponente para los extraños y de una ternura sorprendente con su familia.
  • El macho no termina de “hacerse” hasta cerca de los tres años y medio, cuando alcanza su pleno desarrollo físico.

Si te atrae el carácter equilibrado y la prestancia del Bullmastiff, te interesará conocer otras razas de la misma familia molosa y comparar tamaños, temperamentos y cuidados. Échale un vistazo a su ancestro, el imponente Mastiff, y al otro pilar de su origen, el Bulldog. Entre los molosos guardianes de gran tamaño también merecen una visita el italiano Cane Corso y, en clave más atlética y familiar, el Boxer, que comparte raíces con el antiguo bulldog.

Preguntas frecuentes sobre el Bullmastiff

¿El Bullmastiff es un perro peligroso o agresivo?

No es un perro agresivo por naturaleza. El Bullmastiff fue criado precisamente para reducir e inmovilizar al intruso con el peso de su cuerpo sin morder, de modo que mide muy bien su fuerza. Es un guardián sereno, equilibrado y muy apegado a su familia. Dicho esto, hablamos de un moloso de 50 kg o más con un fuerte instinto protector, así que necesita socialización temprana, límites claros y un dueño responsable. El adiestramiento en ataque está totalmente desaconsejado.

¿Cuánto vive un Bullmastiff?

Su esperanza de vida media ronda los 10 años. Un estudio británico de 2024 situó la media de la raza en 10,2 años, por debajo de la media de los perros de raza pura. Como en casi todos los molosos grandes, la longevidad es menor que la de las razas pequeñas; cuidar el peso, la alimentación y las revisiones veterinarias ayuda a aprovechar al máximo esos años.

¿Cuánto pesa y mide un Bullmastiff?

Es un perro grande y macizo. Los machos miden unos 64-69 cm a la cruz y pesan entre 50 y 59 kg aproximadamente. Las hembras miden 61-66 cm y pesan entre 41 y 50 kg. El macho alcanza su pleno desarrollo físico hacia los tres años y medio, y la hembra sobre los dieciocho meses.

¿Se adapta el Bullmastiff a vivir en un piso?

Sí, sorprendentemente bien. Es poco ladrador, muy casero y solo moderadamente activo dentro de casa, así que se adapta a la vida en piso y en ciudad mejor que muchos perros más pequeños y nerviosos. Lo que no puede faltarle es su par de paseos diarios y, sobre todo, compañía: es un perro de familia que lleva mal la soledad prolongada.

¿El Bullmastiff es bueno con los niños?

Suele ser un perro tolerante y cariñoso con los niños de la casa, y una de sus virtudes es que acepta las órdenes de todos los miembros de la familia, no solo de un único dueño. Aun así, por su tamaño y su fuerza, conviene supervisar siempre la convivencia con niños pequeños para evitar empujones o caídas involuntarias.

¿Cuánto ejercicio necesita un Bullmastiff?

Necesidades moderadas: dos paseos diarios y algo de juego tranquilo bastan para un adulto. Lo más importante es controlar mucho el ejercicio durante la etapa de crecimiento (hasta los 15-16 meses en machos y unos 10 meses en hembras) para no dañar sus articulaciones, y evitar el sobrepeso en el cachorro. No es un perro para acompañar carreras largas ni esfuerzos intensos con calor.

¿El Bullmastiff babea y ronca mucho?

Tiene el hocico corto y la cara con pliegues, así que algo de babeo y de ronquido es habitual, sobre todo después de beber o con calor. No suele ser tan acusado como en otros molosos de morro más corto, pero quien busque un perro ‘limpio’ y silencioso debe tenerlo en cuenta. Secar los pliegues faciales y vigilar el calor ayuda mucho.

¿Es fácil de adiestrar un Bullmastiff?

Es inteligente y quiere agradar, pero también tiene su punto de independencia y testarudez molosa. Aprende bien con sesiones cortas, refuerzo positivo, paciencia y coherencia desde cachorro. La socialización temprana y una buena educación básica son innegociables en un perro de este tamaño y carácter guardián.

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