El Galgo húngaro (Magyar Agár) es un lebrel elegante y a la vez rústico, criado durante más de mil años en las llanuras de Hungría para cazar liebres y correr junto a jinetes durante kilómetros. Menos conocido que el greyhound, comparte con él la silueta de galgo, pero es más robusto, con hueso más pesado, piel más gruesa y una resistencia al frío y a las distancias largas que lo hace único. Si buscas un compañero tranquilo en casa, cariñoso y sorprendentemente adaptable, pero con un motor de fondista que necesita salir a correr, el Galgo húngaro merece que lo conozcas a fondo.
¿Es el Galgo húngaro para ti?
Antes de dejarte llevar por su estampa de galgo clásico, conviene tener claro qué implica convivir con esta raza. El Galgo húngaro es un perro de contrastes: dentro de casa es un compañero sereno que pasa buena parte del día durmiendo, pero fuera despierta un instinto de caza y una necesidad de galopar que no puedes ignorar. Estas dos cajas resumen a quién le encaja y a quién no.
Encaja contigo si…
- Puedes ofrecerle carreras libres y paseos largos casi a diario.
- Quieres un perro tranquilo, limpio y de bajo mantenimiento en casa.
- Buscas un compañero afectuoso, leal y bueno con los niños.
- Vives en piso o en casa: se adapta a ambos si hace ejercicio.
- Valoras un perro sano, rústico y con instinto de guarda discreto.
- Te atrae una raza rara con siglos de historia detrás.
Piénsatelo si…
- No tienes acceso a espacios seguros y vallados donde pueda correr.
- Convives con conejos, hámsteres u otros animales pequeños sueltos.
- Sueltas al perro sin correa en zonas abiertas sin recall firme.
- Buscas un perro que juegue a traer la pelota sin descanso.
- No soportas que un perro sienta el frío y tiemble en invierno.
- Prefieres una raza común y fácil de encontrar cerca de casa.

Carácter y temperamento
El Galgo húngaro tiene fama de perro afectuoso y dócil, pero sin la excitabilidad de otras razas. Es cariñoso con su familia, leal y de una calma notable dentro del hogar. No suele ser mordedor ni gruñón con las personas y, comparado con otros lebreles, conserva un instinto de guarda más marcado: aunque no es un perro ladrador ni agresivo, se da cuenta de lo que pasa a su alrededor y avisa. Ese punto de vigilancia, unido a su discreción, lo convierte en un compañero equilibrado.
Es un perro inteligente, fácil de tratar y fiel, aunque también algo reservado. Esa reserva no debe confundirse con timidez excesiva: un ejemplar bien socializado es sereno y confiado, ni asustadizo ni nervioso. Fuera de casa, sin embargo, aflora su verdadera esencia. En cuanto detecta un movimiento que se parezca a una presa, su cerebro de cazador toma el mando. No es un perro festivo ni bullicioso: es más bien de temperamento sobrio, tenaz y muy pegado a los suyos, con una lealtad tranquila que se gana a fuego lento.
Convivencia: niños, otras mascotas, piso y soledad
Con niños: el Galgo húngaro suele comportarse muy bien con los niños. Es paciente y afectuoso, y su carácter tranquilo dentro de casa lo hace un buen perro de familia. Como siempre, conviene enseñar a los pequeños a respetar sus momentos de descanso, ya que es un perro que duerme mucho durante el día.
Con otros perros: es sociable y se lleva bien con congéneres, sobre todo si ha tenido una socialización temprana. Disfruta de la compañía de otros perros y no es un animal conflictivo por naturaleza.
Con gatos y animales pequeños: aquí hay que ser prudente. No se puede olvidar su herencia de perro de rehala: tiende a perseguir todo lo que se parezca a una presa. Con una introducción correcta y supervisión puede convivir perfectamente con gatos y perros pequeños dentro de casa, pero fuera, con conejos o roedores sueltos, su instinto de persecución se impone.
En piso: pese a su tamaño, es sorprendentemente adaptable. Puede vivir cómodamente en un apartamento —o en una perrera exterior— siempre que reciba ejercicio suficiente e interacción humana. Si vive dentro, es fácil de enseñar a hacer sus necesidades fuera y se convierte en una mascota casera magnífica y limpia.
Soledad: aunque es independiente y pasa gran parte del día durmiendo, necesita compañía humana. No es un perro para dejar solo largas jornadas sin ejercicio ni contacto: el aburrimiento y la falta de gasto físico son sus peores enemigos.

Educación y adiestramiento
El Galgo húngaro es inteligente y fácil de adiestrar, una ventaja frente a algunos lebreles con fama de tozudos. Responde bien al refuerzo positivo, a las sesiones cortas y a un trato respetuoso; es un perro sensible que no encaja con métodos duros. Su fidelidad y su docilidad juegan a favor, y aprende con rapidez las rutinas de casa.
El punto delicado del adiestramiento es el recall (la llamada). Como todo galgo, cuando arranca a perseguir una presa entra en un estado en el que le cuesta atender a la voz humana. Por eso, la orden de “aquí” debe trabajarse desde cachorro, con mucha paciencia y siempre en entornos controlados. La socialización temprana es igualmente imprescindible: exponerlo a personas, perros, ruidos y situaciones desde pequeño consolida ese temperamento sereno y evita que la reserva natural derive en miedo.
Ejercicio y actividad
Este es el capítulo que decide si la raza te conviene. El Galgo húngaro fue criado para carreras de larga distancia: se esperaba de él que corriera junto a los cazadores a caballo distancias de entre 30 y 50 kilómetros al día. No es un velocista puro como el greyhound en el sprint corto, pero posee una resistencia y un fondo muy superiores, ideales para correr durante períodos largos.
Necesita ejercicio diario para mantenerse en forma y feliz. Las mejores fórmulas son los paseos largos, las carreras libres en espacios seguros y el trote junto a una bicicleta —una actividad que le encanta—. No suele entusiasmarse persiguiendo pelotas como otras razas; lo suyo es galopar y trotar en línea. Puede alcanzar y superar los 60 km/h. Dicho esto, dentro de casa es todo lo contrario: pasa gran parte del día durmiendo. No es un “sofá con patas”, pero sí un atleta que descansa mucho entre esfuerzos. Un detalle importante: nunca hay que forzarlo hasta el agotamiento, sobre todo en épocas de calor intenso.
Cuidados: pelaje e higiene
El mantenimiento del Galgo húngaro es de los más sencillos que existen. Su pelo es corto, denso, liso y muy pegado al cuerpo, algo más largo en los meses de invierno. Basta con un cepillado ocasional para mantenerlo brillante y retirar el pelo muerto; su capa es del tipo “lavar y listo”. Los baños solo son necesarios cuando de verdad se ensucia.
La piel de esta raza es notablemente más gruesa que la de otros lebreles de pelo corto, lo que le confiere una gran rusticidad y mejor tolerancia al frío que, por ejemplo, un galgo inglés. Aun así, tiene poca grasa corporal y en climas fríos siente el frío y puede temblar: en invierno agradece un abrigo para los paseos y una cama caliente y mullida en casa, que protege sus articulaciones. Como en todas las razas, conviene revisar orejas, dientes y uñas con regularidad.
Alimentación
Al ser un perro atlético y de estructura estilizada, el Galgo húngaro necesita una dieta de calidad, rica en proteína, que sostenga su musculatura sin hacerle ganar peso de más. Su condición ideal es la de un perro delgado y fibroso: en un ejemplar en forma se intuyen las últimas costillas. El sobrepeso es especialmente perjudicial en un perro construido para correr.
La cantidad debe ajustarse a su nivel de actividad, que en esta raza puede ser muy alto en las jornadas de carrera. Como en todos los perros de pecho profundo, es prudente repartir la ración en dos comidas, evitar el ejercicio intenso justo antes o después de comer y controlar la ingesta de agua tras el esfuerzo, como medida de precaución frente a las torsiones gástricas. Ante cualquier duda sobre raciones o dietas específicas, lo mejor es consultar con el veterinario.
Salud y esperanza de vida
El Galgo húngaro es una raza rústica y, en general, sana, fruto de siglos de selección funcional en el campo húngaro más que de criterios puramente estéticos. Su esperanza de vida se sitúa en torno a los 12 a 14 años, una cifra notable para un perro de su tamaño.
No arrastra una larga lista de enfermedades hereditarias asociadas, aunque comparte con los lebreles algunas particularidades: sensibilidad a ciertos anestésicos por su baja proporción de grasa corporal (algo que el veterinario debe tener en cuenta), poca protección frente al frío y el riesgo, común en perros de pecho profundo, de dilatación-torsión gástrica. Hay que prestar atención especial en las carreras: los ejemplares demasiado grandes, forzados en época de calor intenso, pueden sufrir problemas cardíacos al final de un esfuerzo extremo. Con revisiones veterinarias regulares, ejercicio bien dosificado, buena alimentación y protección frente al frío, es un perro robusto y de larga vida.

Aspecto físico
El Galgo húngaro es un lebrel de estampa elegante pero robusta. Aunque recuerda al greyhound, presenta diferencias claras de conformación: es más largo de cuerpo que alto y tiene un esqueleto más pesado, con hueso más fuerte. Su cabeza es más acuñada, en forma de cuña, con musculatura mandibular potente y hocico más corto, lo que le da un aspecto menos afilado que el de la mayoría de los galgos ingleses.
El estándar no fija una altura obligatoria, pero sí unas referencias: la altura a la cruz ronda los 64 a 69 cm y el peso oscila entre 22 y 31 kg (los machos, de 27 a 31 kg; las hembras, de 22 a 26 kg). Tiene orejas en forma de rosa, plegadas hacia atrás y levantadas hasta media altura, ojos ovalados de mirada sincera y dulce, cuello largo, extremidades finas, lomo muy musculado y arqueado y cola delgada. El pelo es corto, denso y liso, y la piel, gruesa. Admite gran variedad de colores de capa: gris, negro, atigrado, manchado, leonado, rojo y blanco, entre otros. Su movimiento es elástico; en lugar de un galope corto, prefiere trotar durante kilómetros, y su galope de fondo, con el lomo muy arqueado, transmite fuerza, velocidad y elegancia.
Origen e historia
El Galgo húngaro es una de las razas más antiguas de Hungría. Cuando los magiares irrumpieron en el siglo IX-X en la cuenca de los Cárpatos, en Transilvania y en el valle medio del Danubio, llevaban consigo un lebrel procedente de la región occidental de los Cárpatos. Aquel pueblo era muy aficionado a la caza y utilizaba sus propios galgos para ello. La evidencia arqueológica más temprana de la raza se ha hallado precisamente en las montañas de los Cárpatos, a lo largo de las fronteras norte y este de Hungría.
Durante siglos, esa cepa se mezcló con lebreles llegados de Oriente y de Occidente: entre los siglos XV y XVII entraron en contacto con galgos turcos y asiáticos —probablemente antiguos salukis, los tazis— y con ejemplares procedentes de África. La gran transformación llegó en el siglo XIX, cuando se cruzó con el greyhound inglés para ganar velocidad. Ese cruce es, hasta hoy, motivo de debate entre criadores: unos prefieren el tipo “a la antigua”, robusto y musculado, y otros un perro más ligero y veloz, con más aire de greyhound.
El Galgo húngaro tuvo especial arraigo cazador en los condados de Szabolcs-Szatmár-Bereg, Hajdú-Bihar y Somogy, en la Gran Llanura húngara (Alföld). A diferencia de otras razas nobles, no estuvo reservado a la aristocracia: los campesinos criaban una versión más pequeña, conocida como “cazaliebres”, hoy extinguida, mientras que los ejemplares de la nobleza eran de mayor tamaño. Se le reconoce oficialmente dentro del grupo de los lebreles de pelo corto en la nomenclatura internacional de razas.
Curiosidades
- Aunque se le llama “galgo húngaro” o “Hungarian greyhound”, muchos expertos consideran ese nombre un tanto engañoso: el Magyar Agár es una raza propia y distinta, y algunos prefieren llamarlo “lebrel” o “sabueso de vista húngaro”.
- Es más resistente al frío que otros lebreles de pelo corto gracias a su piel gruesa y su capa densa, que se alarga un poco en invierno.
- Frente al greyhound, no es tan rápido en el sprint, pero lo supera con creces en fondo y resistencia: está hecho para la distancia, no para los cien metros.
- Su nombre, Magyar Agár, significa literalmente “galgo magiar” en húngaro; “agár” es el término húngaro para lebrel.
- En caso de caída durante una carrera a toda velocidad, es capaz de recuperarse y seguir sin perder apenas impulso, una muestra de su enorme presencia de ánimo.
- Fuera de Europa es una raza rara; en Estados Unidos existe un pequeño grupo de ejemplares que compite en pruebas de conformación de clubes de razas poco comunes y en carreras y coursing amateur.
Si te atrae el Galgo húngaro, quizá te interesen otras razas de lebrel y perros atléticos de silueta parecida. Puedes comparar su carácter y sus necesidades con las del Greyhound, el galgo por excelencia en velocidad; con el Whippet, un lebrel más pequeño y muy versátil; con el Vizsla, otra joya canina húngara pero de muestra; o con el elegante Gran Danés, otro gigante de origen cazador. Así tendrás una visión más completa antes de decidir cuál es tu perro ideal.
Preguntas frecuentes sobre el Galgo húngaro
¿El Galgo húngaro es lo mismo que un greyhound?
No. Aunque se le llame a veces “galgo húngaro” o “Hungarian greyhound”, el Magyar Agár es una raza propia y distinta. Es más largo de cuerpo, de hueso más pesado, cabeza más acuñada y piel más gruesa que el greyhound, y está más orientado a la resistencia que a la velocidad pura.
¿Cuánto ejercicio necesita al día?
Bastante. Fue criado para correr entre 30 y 50 km diarios junto a jinetes, así que necesita ejercicio a fondo: paseos largos, carreras libres en espacios seguros y trote junto a la bicicleta. Dentro de casa, en cambio, es muy tranquilo y duerme mucho.
¿Puede vivir en un piso?
Sí, es sorprendentemente adaptable y puede vivir bien en un apartamento siempre que reciba ejercicio suficiente e interacción humana. Es limpio, fácil de educar dentro de casa y pasa buena parte del día descansando.
¿Se lleva bien con niños y otros perros?
En general, muy bien. Es afectuoso y paciente con los niños y sociable con otros perros, sobre todo si ha tenido una buena socialización temprana. Con gatos y animales pequeños hay que ser prudente por su instinto de caza.
¿Es fácil de adiestrar?
Sí, es inteligente, dócil y fiel, y responde bien al refuerzo positivo. El mayor reto es la llamada (recall), ya que cuando persigue una presa le cuesta atender; conviene trabajarla desde cachorro y en entornos controlados.
¿Cuánto vive un Galgo húngaro?
Su esperanza de vida ronda los 12 a 14 años, una cifra buena para un perro de su tamaño. Es una raza rústica y sana; con revisiones veterinarias, buena alimentación y ejercicio bien dosificado suele disfrutar de una vida larga.
¿Pasa frío? ¿Necesita abrigo?
Tolera el frío mejor que otros lebreles de pelo corto gracias a su piel gruesa, pero tiene poca grasa corporal y en invierno siente el frío y puede temblar. En climas fríos agradece un abrigo para pasear y una cama caliente y mullida en casa.
¿Es una raza fácil de encontrar?
No. El Galgo húngaro es una raza rara fuera de Hungría y del centro de Europa. En España y en América es poco habitual, así que quien quiera un cachorro suele tener que recurrir a criadores especializados, a menudo en el extranjero.