Pug, perro de raza

Pug

El Carlino (Pug o doguillo) es un perro pequeño de compañía, cariñoso y sociable, ideal para piso. Descubre su carácter, cuidados, salud braquicéfala y origen.

OrigenChina (desarrollo en Reino Unido)
Grupo FCIGrupo 9 (perros de compañía), Sección 11 (molosoides pequeños)
TamañoPequeño
Altura25-33 cm
Peso6,3-8,1 kg
Esperanza de vida12-15 años
EnergíaBaja
PelajeCorto, fino, liso y brillante
Función originalPerro de compañía
Cariu00f1osoSociableJuguetu00f3nEquilibradoTozudo

El Carlino (conocido internacionalmente como Pug y llamado doguillo por la FCI) es un perro pequeño, compacto y de cara arrugada que nació para una sola misión: hacer compañía. Detrás de esa expresión seria y esos ojos enormes hay un compañero sociable, payaso y profundamente apegado a su familia. Es una de las razas de compañía más populares del mundo, pero también una de las más exigentes en cuidados por su morfología braquicéfala. Aquí tienes la guía honesta y completa del Carlino: lo bueno, lo delicado y todo lo que necesitas saber antes de convivir con uno.

¿Es el Carlino para ti?

El Carlino es un perro de apartamento por excelencia: pequeño, tranquilo en casa y feliz con estar cerca de su gente. Pero su cara aplastada (braquicefalia) trae una serie de problemas de salud que conviene asumir con los ojos abiertos. Antes de decidirte, sopesa estas dos columnas.

A favor

  • Cariñoso y muy apegado: vive para estar con su familia.
  • Tamaño pequeño, ideal para pisos y ciudad.
  • Sociable y poco agresivo, bueno con niños y otros perros.
  • Pelo corto que apenas necesita peluquería.
  • Necesidades de ejercicio moderadas; no te exige largas rutas.
  • Carácter alegre y payaso, con mucha personalidad.

En contra

  • Problemas respiratorios por su hocico chato (braquicefalia).
  • No tolera el calor ni el ejercicio intenso.
  • Alta tendencia a la obesidad.
  • Ojos delicados, propensos a lesiones.
  • Suelta bastante pelo pese a tenerlo corto.
  • Pliegues faciales que hay que limpiar a menudo.

Carácter y temperamento

Carlino leonado con su tipica mascara negra
Carlino. Foto: Canarian, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons

El American Kennel Club resume al Carlino con un lema latino: multum in parvo, “mucho en poco” o “mucho perro en poco espacio”. Y es una descripción exacta. Bajo ese cuerpo menudo vive un carácter enorme, equilibrado, encantador y con un sentido del humor que engancha. El Carlino es, ante todo, un perro de compañía: no fue criado para cazar, pastorear ni vigilar, sino para acompañar, y eso se nota en cada gesto.

Son perros intuitivos, sensibles al estado de ánimo de sus dueños y deseosos de agradar. Se les llama “sombras” porque siguen a su persona de habitación en habitación, buscando atención y contacto constante. Esa devoción es su mayor virtud y, a la vez, su talón de Aquiles: un Carlino que pasa muchas horas solo lo lleva mal.

En el día a día son juguetones, vivaces de cachorros y más sosegados con los años; a partir de los cinco o seis años disfrutan tanto del sofá como del paseo. No son agresivos si están bien socializados, aunque sí algo tozudos: tienen su propia agenda y no siempre acuden a la primera. Por tamaño no sirven como perros guardianes, pero sí avisan con sus ladridos de la llegada de desconocidos, así que funcionan como discretos “perros-alarma”.

Convivencia: niños, otras mascotas, piso y soledad

Pocas razas se adaptan tan bien a la vida doméstica como el Carlino. Aun así, conviene conocer sus matices:

  • Con niños: excelente. Su estructura maciza y su paciencia hacen que tolere bien el juego, y su tamaño evita accidentes por exceso de fuerza. Siempre con supervisión y enseñando al niño a respetar sus tiempos de descanso.
  • Con otros perros: muy sociable, se lleva bien incluso con perros mucho más grandes que él. La socialización temprana ayuda a que sea seguro y abierto.
  • Con otras mascotas: al no tener instinto cazador marcado, suele convivir sin problemas con gatos y otros animales del hogar.
  • En piso: es su hábitat ideal. Pequeño, tranquilo en interior y sin grandes necesidades de espacio. Eso sí, vigila la temperatura: sufre con el calor.
  • Ante la soledad: es su punto débil. El Carlino necesita compañía y puede desarrollar ansiedad por separación si se queda solo demasiadas horas. No es la raza para quien pasa el día entero fuera.

Educación y adiestramiento

Carlino practicando agility, saltando un obstaculo
Carlino. Foto: Andrea Arden, CC BY 2.0, vía Wikimedia Commons

El Carlino es inteligente a su manera, pero no es el perro más obediente del mundo: en la conocida clasificación de Stanley Coren sobre la inteligencia canina de trabajo y obediencia ocupó un puesto medio-bajo. La explicación no es falta de capacidad, sino de motivación: el Carlino hace las cosas cuando le compensa, no cuando se las ordenan sin más.

La clave está en el refuerzo positivo. Premios, juego y elogios funcionan infinitamente mejor que la imposición. Las sesiones deben ser cortas, divertidas y muy constantes, porque su tozudez se combate con paciencia y repetición, nunca con dureza. Aprovecha su deseo de agradar y su gula: pocos perros se motivan tanto por la comida (con cuidado de no excederte, por su tendencia al sobrepeso).

El aprendizaje prioritario es el control de esfínteres y la socialización temprana. Y aunque no sea un perro deportivo, disfruta de juegos de olfato, obediencia básica e incluso de agility adaptado a su ritmo, siempre que el calor y el esfuerzo se mantengan bajo control.

Ejercicio y actividad

Carlino leonado de pie sobre la nieve al aire libre
Carlino. Foto: Nicklas Iversen, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons

Aquí hay que ser muy claro: el Carlino necesita ejercicio moderado, pero no puede hacer esfuerzos intensos. Su sistema respiratorio, condicionado por la braquicefalia, funciona de forma parecida al de una persona asmática. Forzarlo a correr mucho o en horas de calor es peligroso y puede tener consecuencias graves.

Un Carlino sano es capaz de correr y de saltar varias veces su propia altura, pero la regla de oro es la prudencia. Varios paseos cortos al día, juego suave en casa y estimulación mental son más que suficientes. Evita siempre las horas centrales del verano: al no poder refrigerarse bien jadeando, es muy sensible al golpe de calor.

Y un matiz importante sobre el peso: nunca intentes adelgazar a un Carlino obeso aumentándole el ejercicio, porque su aparato respiratorio no lo soportaría. El control del peso se hace en el comedero, ajustando la ración y los premios, no machacándolo a paseos.

Cuidados: pelaje e higiene

A pesar de su pelo corto, el Carlino es un perro de mantenimiento más alto de lo que parece, sobre todo por los detalles de su cara. Lo esencial:

  • Pliegues faciales: hay que limpiarlos con frecuencia (toallitas o un paño suave y secarlos bien) para evitar dermatitis e infecciones en los repliegues de piel.
  • Ojos: al ser grandes y prominentes, son delicados y propensos a roces, úlceras y sequedad. Vigila cualquier secreción, enrojecimiento o entrecerramiento y consulta pronto al veterinario.
  • Pelo: corto, fino y brillante, pero suelta bastante. Un cepillado semanal (más frecuente en muda) controla el pelo en casa y mantiene la capa sana.
  • Oídos, dientes y uñas: revisión y limpieza periódicas de orejas, higiene dental regular para prevenir sarro y corte de uñas cuando haga falta.
  • Calor: más que un cuidado estético es de seguridad. En verano, sombra, agua fresca y nada de ejercicio en las horas de más calor.

Alimentación

La alimentación del Carlino tiene un protagonista absoluto: el control de las raciones. La raza presenta una de las tasas de sobrepeso más altas de todo el mundo canino; los estudios apuntan a una predisposición genética y a que la obesidad es uno de los trastornos más diagnosticados en estos perros. Por eso, más importante que la marca del pienso es la cantidad.

Algunas pautas prácticas:

  • Ofrece un alimento de calidad y completo, adaptado a su edad, tamaño y nivel de actividad.
  • Mide la ración diaria y repártela en dos tomas; no dejes comida a libre disposición.
  • Modera mucho los premios: el Carlino es un comedor entusiasta y “engorda con la mirada”.
  • Vigila el peso de forma regular y ajusta la dieta antes de que el problema se instale.
  • Asegúrate de que tenga siempre agua fresca, especialmente en épocas de calor.

Mantener a un Carlino en su peso ideal no es solo estética: reduce la carga sobre su ya comprometido sistema respiratorio y mejora directamente su calidad y esperanza de vida.

Salud y esperanza de vida

Es el capítulo más serio de esta guía y hay que abordarlo sin medias tintas. El Carlino es una raza braquicéfala (cabeza redondeada, hocico muy corto y ojos prominentes), y de esa morfología derivan la mayoría de sus problemas de salud. Conviene conocerlos para prevenir y para elegir bien al criador.

  • Síndrome braquicefálico (BOAS): la nariz corta y las vías respiratorias deformadas provocan dificultad para respirar, ronquidos, jadeo ruidoso y, en casos graves, colapso. Es la afección más característica de la raza.
  • Intolerancia al calor: al respirar peor, regulan mal su temperatura y son muy sensibles al golpe de calor.
  • Problemas oculares: ojos saltones expuestos a úlceras corneales, proptosis (salida del globo ocular), ojo seco y pigmentación corneal.
  • Obesidad: estudios británicos los sitúan con unas tres veces más probabilidades de ser obesos que la media canina.
  • Hemivértebras y cola en tirabuzón: su característica cola enroscada se debe a vértebras malformadas; en algunos casos esa alteración se extiende y puede asociarse a problemas de columna como la espina bífida.
  • Encefalitis del Carlino (PDE/NME): enfermedad neurológica inflamatoria y grave que afecta aproximadamente al 1-2% de los ejemplares.
  • Displasia de cadera y demodicosis: la raza muestra una prevalencia notable de displasia de cadera y mayor predisposición a la demodicosis que la media.
  • Partos por cesárea: por el tamaño de la cabeza de los cachorros respecto al canal del parto, muchas hembras requieren cesárea.

Sobre la esperanza de vida conviene ser honesto: aunque tradicionalmente se cita un rango de unos 12 a 15 años, estudios veterinarios recientes en el Reino Unido han encontrado medianas notablemente más bajas (en torno a 7,65 años en uno de ellos y 11,6 en otro), justamente por el peso de los problemas braquicéfalos. La buena noticia es que un criador responsable que seleccione hocicos algo más largos, narinas abiertas y ojos menos prominentes, junto con un dueño que controle el peso y vigile la salud, marcan una diferencia enorme. La preocupación por estos problemas ha impulsado incluso una corriente de “Carlinos retro” criados para tener morros más largos y caras menos arrugadas.

Aspecto físico

El Carlino es un perro pequeño de tipo molosoide, bajo, de aspecto cuadrado, compacto y sorprendentemente musculado para su tamaño. La FCI lo encuadra en el Grupo 9 (perros de compañía), y su lema multum in parvo describe muy bien esa sensación de “mucho perro” condensado.

En cuanto a las medidas de referencia, suele moverse en torno a los 25-33 cm de altura a la cruz, con un peso ideal según el estándar de la FCI de unos 6,3 a 8,1 kg, similar en machos y hembras.

La cabeza es grande, redondeada y cubierta de pliegues, con un hocico corto y cuadrado que da a la cara su aspecto chato inconfundible. Los ojos son grandes, oscuros y expresivos. Las orejas, pequeñas y finas, se presentan en dos formas: “rosa” (más pequeña, plegada hacia atrás) y “botón” (plegada hacia delante), siendo esta última la preferida en concurso. La cola, una de sus señas de identidad, se enrosca apretada sobre la cadera, idealmente en doble rizo.

El pelo es corto, fino, liso, suave y brillante. Los colores aceptados son el leonado (en sus variantes plata y albaricoque) y el negro; en los ejemplares claros destacan la máscara negra del rostro y una línea oscura que recorre el dorso desde el occipucio hasta la cola.

Origen e historia

El Carlino tiene un origen histórico en China, donde se acepta mayoritariamente que nació, y un desarrollo posterior ligado al Reino Unido, que ejerció de país patrocinador de la raza. Sus antepasados eran perros chatos de la corte imperial china, como el Lo-sze, criados durante siglos como compañeros de las familias gobernantes. Los emperadores los tenían en altísima estima: vivían rodeados de lujos y custodiados por soldados. Más tarde la raza se extendió por Asia, y en el Tíbet los monjes budistas también los mantenían como mascotas en sus monasterios.

A partir del siglo XVI estos perros llegaron a Europa de la mano del comercio holandés, y pronto conquistaron las cortes del continente. Según la tradición, un Carlino llamado Pompey salvó la vida del príncipe de Orange al alertarle de la llegada de unos asesinos, lo que convirtió a la raza en perro oficial de la Casa de Orange. Viajaron con Guillermo III y María II al trono de Inglaterra, posaron en los cuadros de Goya en España y se pasearon en carrozas en Italia.

El gran impulso definitivo llegó en la Inglaterra del siglo XIX bajo el mecenazgo de la reina Victoria, apasionada de la raza, que crió ella misma numerosos ejemplares y prefería los tonos albaricoque y leonado. Su afición se transmitió a otros miembros de la familia real y ayudó a impulsar el nacimiento del Kennel Club. El aspecto del Carlino moderno terminó de fijarse hacia 1860, cuando llegaron a Europa nuevos ejemplares de patas más cortas y morro más chato. El American Kennel Club reconoció la raza en 1885.

En cuanto a su nombre, “carlino” proviene de Francia: se atribuye a Carlo Antonio Bertinazzi, un célebre actor italiano del siglo XVIII apodado Carlin, cuya máscara negra de Arlequín recordaba al antifaz característico de estos perros. El término inglés “pug”, por su parte, tiene varias teorías, desde su parecido con un pequeño mono (el tití o “pug-monkey”) hasta el latín pugnus, “puño”.

Curiosidades

  • La FCI lo llama oficialmente “doguillo”, aunque en español se ha impuesto el nombre “carlino” y en el mundo anglosajón, “pug”.
  • Su lema oficial, multum in parvo (“mucho en poco”), resume a la perfección su gran personalidad en un cuerpo diminuto.
  • Antes de casarse con Napoleón, Josefina usó a su Carlino Fortune para llevar mensajes ocultos a su familia mientras estaba presa.
  • En el siglo XVIII existió en Alemania la Orden del Carlino (Mops-Orden), una sociedad que adoptó al perro como símbolo de lealtad.
  • Los Carlinos de las pinturas antiguas tenían patas y hocico más largos que los actuales; la cara extremadamente chata es relativamente reciente.
  • La raza fue tan icónica en una campaña publicitaria en la India que disparó las ventas de cachorros en pocos meses.
  • Ha protagonizado el cine y la televisión: desde el simpático Frank de “Men in Black” hasta apariciones en numerosas series.

Si te atrae el Carlino, probablemente también te interesen otras razas pequeñas de compañía y de cara chata con las que comparte historia o carácter. Echa un vistazo al Bulldog Francés, al Bulldog Inglés, al Pekinés (otro antiguo perro de la corte china) y al Boston Terrier, conocido precisamente como el “caballero americano”.

Preguntas frecuentes sobre el Carlino

¿El Carlino es un buen perro para piso?

Sí, es de las mejores razas para vivir en piso: pequeño, tranquilo en interior y sin grandes necesidades de espacio. Lo único a vigilar es la temperatura, porque sufre mucho con el calor.

¿Cuánto vive un Carlino?

Tradicionalmente se cita un rango de unos 12 a 15 años, pero estudios veterinarios recientes han encontrado medianas más bajas debido a sus problemas braquicéfalos. Un buen control del peso, una cría responsable y revisiones veterinarias periódicas alargan y mejoran su vida.

¿Por qué ronca y respira con ruido el Carlino?

Por su morfología braquicéfala: el hocico corto y las vías respiratorias deformadas dificultan el paso del aire. Un poco de ronquido es habitual, pero si el jadeo es intenso o constante conviene consultar al veterinario para descartar un síndrome braquicefálico grave.

¿Cuánto ejercicio necesita un Carlino?

Ejercicio moderado: varios paseos cortos al día y juego suave bastan. No puede hacer esfuerzos intensos ni ejercitarse con calor, porque su sistema respiratorio se resiente con facilidad.

¿El Carlino suelta mucho pelo?

Sí, bastante, a pesar de tenerlo corto. Un cepillado semanal (más frecuente en épocas de muda) ayuda a controlar el pelo suelto en casa.

¿Es bueno el Carlino con niños y otros perros?

Muy bueno. Es paciente y robusto con los niños y muy sociable con otros perros, incluso de mayor tamaño. La socialización temprana y la supervisión con los más pequeños son siempre recomendables.

¿Por qué los Carlinos engordan tanto?

Tienen una predisposición genética al sobrepeso y son comedores muy entusiastas. La obesidad es uno de sus trastornos más frecuentes, así que hay que medir las raciones y moderar los premios. El control del peso se hace en el comedero, no aumentando el ejercicio.

¿Puede quedarse solo muchas horas el Carlino?

No es lo ideal. Es un perro “sombra”, muy apegado a su familia, y puede desarrollar ansiedad por separación si pasa demasiado tiempo solo. Necesita compañía y forma parte activa de la vida del hogar.

Artículos del blog sobre esta raza