Borzoi, perro de raza

Borzoi

El Borzoi o Galgo Ruso: carácter tranquilo, instinto de caza, cuidados, salud, ejercicio e historia de este elegante lebrel ruso cazador de lobos.

OrigenRusia
Grupo FCIGrupo 10 (Lebreles), Sección 1 (Lebreles de pelo largo o con flecos) — Estándar FCI 193
TamañoGrande
AlturaMachos 75–85 cm; hembras 68–78 cm (a la cruz)
PesoMachos 34–48 kg; hembras 25–41 kg
Esperanza de vida10–12 años
EnergíaMedia
PelajeLargo y sedoso, liso, ondulado o ligeramente rizado, con collar y flecos
Función originalCaza a la vista de lobos y liebres (lebrel)
EleganteTranquilo en casaIndependienteReservado con extrau00f1osMuy veloz

El Borzoi, conocido en español también como Galgo Ruso, es uno de los lebreles más espectaculares que existen: un perro grande, fino y veloz, de manto largo y sedoso, que pasó de cazar lobos en las estepas rusas a convertirse en un tranquilo y elegante compañero de sofá. Bajo su aire aristócrata se esconde un cazador a la vista con un instinto intacto, una sensibilidad notable y un carácter independiente que conviene entender antes de enamorarse de su estampa.

¿Es el Borzoi para ti?

El Borzoi es un perro de contrastes: gigante de aspecto y minimalista de carácter dentro de casa. No es un perro para todo el mundo, y por eso conviene ser sincero antes de decidirse. Estas cajas resumen lo bueno y lo exigente de compartir la vida con un Galgo Ruso.

A favor

  • Tranquilo, limpio y silencioso de puertas adentro: un excelente compañero de casa.
  • Elegante y de belleza inconfundible; llama la atención allá donde va.
  • Afectuoso y leal con su familia, sin ser pesado ni demandante.
  • Poco ladrador y nada “guardián”: no es un perro escandaloso.
  • Necesita menos ejercicio de resistencia del que aparenta: le bastan carreras cortas e intensas.

A tener en cuenta

  • Instinto de caza muy fuerte: persigue todo lo que corre, así que la llamada nunca es 100 % fiable.
  • Necesita un espacio vallado donde galopar de forma segura.
  • Independiente y poco “obediente”: no es el perro ideal para quien busca un alumno aplicado.
  • Manto largo que pide cepillado regular y suelta pelo.
  • Sensible a la anestesia y propenso a la torsión de estómago; requiere un veterinario que conozca a los lebreles.

Carácter y temperamento

Cabeza y cuello de un Borzoi (Galgo Ruso) de capa plateada
Borzoi (Galgo Ruso). Foto: Deb West (Ferlinka Borzoi), CC BY 2.0, vía Wikimedia Commons

Quien espera un perro bullicioso se llevará una sorpresa: el Borzoi es sereno, reservado y de una dignidad casi felina. En casa se comporta como un auténtico “perro de sofá”, capaz de dormir buena parte del día hecho un ovillo de seda. Es profundamente cariñoso con su familia, pero lo demuestra de forma discreta: prefiere estar cerca de los suyos antes que encima de ellos.

Con los extraños se muestra educado pero distante. Esta reserva, heredada de su pasado como perro de la nobleza, no debe confundirse con agresividad ni con miedo: simplemente es un perro selectivo con sus afectos. Por eso la socialización temprana es clave para que esa cautela no derive en timidez.

El rasgo que nunca hay que olvidar es su instinto de cazador a la vista. Un Borzoi puede estar plácidamente tumbado y, al segundo siguiente, salir disparado tras un gato, una ardilla o cualquier cosa que se mueva rápido. Es algo inscrito en su genética, no un problema de educación, y marca buena parte de las decisiones de su manejo.

Convivencia: niños, otras mascotas, piso y soledad

Con niños: es paciente y delicado con los niños de la casa, especialmente con los mayores que entienden cómo tratarlo. No es un perro que busque el juego brusco, y los tirones o sorpresas le incomodan, así que conviene supervisar la relación con los más pequeños y enseñarles a respetar su descanso.

Con otras mascotas: suele entenderse bien con otros perros, sobre todo con galgos y lebreles que comparten su estilo de juego. Con gatos y animales pequeños la cosa cambia: su instinto de persecución es muy fuerte. Muchos Borzoi conviven sin problemas con el gato de casa si han crecido juntos, pero seguirán viendo como presa al gato del vecino o al conejo del parque.

En piso: aunque parezca contradictorio, es un buen perro de apartamento. Es limpio, tranquilo y apenas ladra; lo único imprescindible es compensar la falta de jardín con carreras al aire libre en zonas seguras.

Soledad: tolera quedarse solo razonablemente bien si está acostumbrado de cachorro, pero es un perro apegado y no debe pasar largas jornadas en soledad de forma habitual. El aburrimiento y la falta de ejercicio son sus peores enemigos.

Educación y adiestramiento

El Borzoi es inteligente, pero no obediente en el sentido clásico. Como buen lebrel, fue criado para tomar decisiones por su cuenta durante la caza, y eso se nota: aprende rápido lo que le interesa y se aburre enseguida de los ejercicios repetitivos. No es terco por llevar la contraria, sino independiente por diseño.

Funciona mucho mejor con refuerzo positivo, sesiones cortas y variadas y un tono amable. La presión, los gritos o el adiestramiento rígido lo apagan y lo vuelven desconfiado. La socialización desde cachorro —personas, ruidos, superficies, otros perros— es la mejor inversión para tener un adulto equilibrado y seguro.

Hay un límite que ninguna educación borra: la llamada con una presa a la vista. Por muy bien entrenado que esté, un Borzoi lanzado a la carrera tras algo que se mueve no atiende a razones. Por eso la regla de oro es soltarlo solo en recintos vallados y seguros, y pasearlo con correa en espacios abiertos.

Ejercicio y actividad

Dos Borzoi (Galgo Ruso) jugando y corriendo
Borzoi (Galgo Ruso). Foto: ROVER_JP, CC BY 2.0, vía Wikimedia Commons

Aquí está una de las grandes sorpresas de la raza: pese a su tamaño, el Borzoi no es un perro hiperactivo. Es un velocista nato, no un atleta de fondo. Le encanta esprintar a toda velocidad durante uno o dos minutos —alcanza un galope espectacular— y luego volver a tumbarse a descansar. No necesita horas y horas de actividad como un perro de pastoreo.

Lo ideal es combinar uno o dos paseos diarios tranquilos con oportunidades regulares de carrera libre en una zona vallada, donde pueda estirarse a fondo y desfogar. Actividades como el lure coursing (persecución de un señuelo) son perfectas para canalizar su instinto de forma segura y divertida.

Conviene no excederse con el ejercicio de impacto durante el crecimiento, ya que es un perro grande de huesos largos. Y, por su anatomía de pecho profundo, es prudente evitar el esfuerzo intenso justo después de las comidas.

Cuidados: pelaje e higiene

El manto del Borzoi es uno de sus mayores atractivos y también su principal tarea de mantenimiento. Es largo, sedoso y de textura variable —liso, ondulado o ligeramente rizado—, con un bonito “collar” en el cuello y abundantes flecos en el pecho, la parte posterior de las patas y la cola. Bajo el pelo de cobertura hay una capa interna que se espesa en invierno y se suelta con el calor.

Para mantenerlo sin nudos basta con un cepillado de dos o tres veces por semana, que conviene hacer diario en las épocas de muda. Los puntos críticos donde se forman enredos son detrás de las orejas, las axilas y los flecos. No necesita cortes de pelo: su belleza es natural. El baño, solo cuando haga falta.

El resto de la higiene es la habitual: revisar y limpiar las orejas, cepillar los dientes con regularidad y cortar las uñas. Por su hocico largo y estrecho, conviene vigilar la higiene dental, ya que tiene la boca algo apretada.

Alimentación

El Borzoi es un perro de constitución delgada y musculatura seca: lo normal es verle las últimas costillas marcadas, y eso es señal de buena forma, no de delgadez. Hay que ajustar la ración a su actividad real, que en casa suele ser baja, para evitar el sobrepeso, que castiga sus articulaciones.

Lo más importante en esta raza no es tanto qué come como cómo come. Al ser un perro grande y de pecho profundo, tiene riesgo de dilatación-torsión gástrica, por lo que se recomienda repartir la comida en dos tomas diarias en lugar de una sola, usar comederos que frenen la voracidad y evitar el ejercicio intenso en la hora previa y posterior a comer.

Una dieta completa y de calidad, adaptada a su edad y tamaño, es suficiente. Ante cualquier duda sobre cantidades o tipo de alimento, lo mejor es consultar con el veterinario, especialmente durante el crecimiento.

Salud y esperanza de vida

En conjunto, el Borzoi es una raza bastante sana y rústica, con una esperanza de vida de unos 10 a 12 años. Aun así, hay varios puntos que todo propietario debe conocer.

El primero es la dilatación-torsión gástrica (la temida “torsión de estómago”), una urgencia vital frecuente en perros grandes de tórax profundo como este. Reconocer sus señales —abdomen hinchado, intentos improductivos de vomitar, inquietud— y acudir de inmediato al veterinario puede salvarle la vida.

El segundo es la sensibilidad a la anestesia, común a los lebreles: su bajo porcentaje de grasa y su musculatura magra hacen que metabolicen de forma distinta los anestésicos, por lo que conviene un veterinario familiarizado con galgos. También se vigilan algunos problemas cardíacos (soplos y pequeñas alteraciones valvulares se detectan con cierta frecuencia en ejemplares por lo demás sanos) y, como en otras razas grandes, ciertos problemas óseos y oculares. Acudir a criadores responsables que realicen pruebas de salud reduce notablemente estos riesgos.

Aspecto físico

Borzoi (Galgo Ruso) de capa atigrada (brindle) de cuerpo entero
Borzoi (Galgo Ruso) atigrado. Foto: Mirta12, CC BY-SA 3.0, vía Wikimedia Commons

El Borzoi es un gran lebrel de líneas largas y armónicas, construido para la velocidad. Los machos miden entre 75 y 85 cm a la cruz y las hembras entre 68 y 78 cm, con un peso aproximado de 34 a 48 kg en los machos y de 25 a 41 kg en las hembras. Pese a esa altura, su silueta transmite ligereza más que corpulencia.

Su cabeza es larga, estrecha y refinada, con un cráneo casi plano y un hocico finísimo rematado por una trufa ligeramente curvada. Los ojos, oscuros y oblicuos, le dan esa expresión dulce y aristócrata; las orejas, pequeñas y replegadas hacia atrás, se yerguen cuando está atento. El cuello es elegante, el dorso se arquea con suavidad sobre el lomo —más en los machos— y el pecho es estrecho pero muy profundo, llegando hasta los codos. La cola, larga y en forma de cimitarra, cuelga cubierta de flecos.

El manto admite prácticamente todos los colores. Son muy apreciados el blanco puro y el blanco con manchas grises, leonadas, rojizas o atigradas; lo característico es que esas manchas se difuminen de forma gradual, sin límites netos.

Origen e historia

El Borzoi nació en la Rusia del siglo XVI del cruce de lebreles de tipo saluki con perros europeos de caza a la vista y razas locales de pelo espeso, capaces de soportar el duro invierno ruso. El resultado fue un cazador veloz y resistente al frío, diseñado para una de las pruebas más exigentes que existen: la caza del lobo.

Durante siglos fue el perro de la aristocracia y de los zares. Se cazaba en grandes partías a caballo, soltando parejas o tríos de Borzoi que debían alcanzar y sujetar al lobo hasta la llegada de los cazadores. No se compraban: solo se regalaban. El Gran Duque Nicolás llegó a mantener cerca de un centenar de ejemplares en su finca de Perchino, uno de los criaderos más famosos de la historia de la raza.

La revolución de 1917 y la caída de la nobleza rusa estuvieron a punto de hacer desaparecer la raza en su propio país, pero para entonces el Borzoi ya se había extendido por Europa y América, en parte gracias a los ejemplares regalados por la corte rusa —la reina Victoria de Inglaterra recibió una pareja del zar Alejandro II—. La Federación Cinológica Internacional reconoció oficialmente a la Russkaya Psovaya Borzaya en la década de 1950.

Curiosidades

  • Hasta 1936 la raza se conocía oficialmente como Russian Wolfhound, es decir, “lebrel ruso cazador de lobos”.
  • La palabra borzoi procede de un adjetivo ruso antiguo que significa “rápido”; psovaya alude a su manto largo y sedoso.
  • Es uno de los perros con el hocico más largo del mundo canino, herencia probable de su sangre de tipo galgo.
  • Su elegancia lo convirtió en icono del lujo: aparece en carteles art déco, películas y desfiles de moda de principios del siglo XX.
  • En casa es tan dormilón que muchos dueños lo describen, medio en broma, como “un gato grande con patas de galgo”.

Si te atrae la combinación de elegancia, velocidad y temperamento tranquilo del Borzoi, quizá quieras comparar con otros lebreles y perros de líneas finas. Echa un vistazo al Greyhound (Galgo Inglés), su primo más veloz; al ágil y pequeño Whippet; o, si lo que te seduce es el porte de un perro gigante y noble, al imponente Gran Danés.

Preguntas frecuentes sobre el Borzoi

¿El Borzoi es un buen perro de familia?

Sí, dentro de su estilo. El Borzoi es afectuoso, tranquilo en casa y muy apegado a su gente, pero no es un perro efusivo ni “payaso”: disfruta de la compañía con elegancia y discreción. Funciona muy bien con adultos y niños mayores que respeten su espacio. No es la mejor opción para hogares con niños muy pequeños y revoltosos, porque es sensible y poco tolerante con los tirones bruscos.

¿Cuánto ejercicio necesita un Borzoi?

Menos del que sugiere su tamaño, pero de calidad. En casa es un auténtico dormilón, capaz de pasar el día tumbado. A cambio necesita poder galopar a fondo en un espacio seguro y vallado varias veces por semana, además de uno o dos buenos paseos diarios. Es un velocista, no un perro de resistencia: prefiere esprintar un par de minutos a trotar durante horas.

¿El Borzoi se lleva bien con gatos y otros perros?

Con otros perros suele convivir bien, sobre todo con galgos y lebreles de su estilo. Con gatos y mascotas pequeñas depende: tiene un instinto de caza a la vista muy marcado y un animal que corre puede disparar la persecución. Puede aprender a convivir con los gatos de casa si crece con ellos, pero conviene desconfiar de los gatos ajenos y de los animales pequeños en la calle.

¿Puede vivir un Borzoi en un piso?

Sí, y de hecho es un compañero de piso sorprendentemente cómodo: limpio, silencioso y muy tranquilo de puertas adentro. La condición es darle ejercicio real fuera (carreras en zona vallada) y un buen sofá o cama amplia donde estirar su largo cuerpo. Lo que peor lleva no es el tamaño de la casa, sino la falta de carreras y el exceso de soledad.

¿Cuánto pelo suelta el Borzoi y cuánto cuidado necesita su manto?

Tiene pelo largo y sedoso que se enreda con facilidad detrás de las orejas, en el collar y en los flecos de patas y cola. Con un cepillado de dos o tres veces por semana (diario en época de muda) se mantiene sin nudos. Suelta pelo de forma moderada todo el año y con una muda estacional más intensa. No requiere cortes de pelo, solo cepillado constante e higiene básica.

¿Es fácil de adiestrar el Borzoi?

Es inteligente pero independiente y se aburre con la repetición, así que no es el alumno obediente típico. Aprende rápido lo que le interesa y “desconecta” de los ejercicios mecánicos. Responde al refuerzo positivo, a las sesiones cortas y variadas y a la paciencia; el castigo y la presión lo bloquean. La llamada nunca es 100 % fiable cuando hay una presa a la vista: la zona vallada y la correa son innegociables.

¿Cuánto vive un Borzoi y qué problemas de salud tiene?

Su esperanza de vida ronda los 10 a 12 años. Es una raza bastante sana, pero como perro grande y de pecho profundo tiene predisposición a la dilatación-torsión gástrica (hinchazón del estómago), una urgencia vital. También se vigilan problemas cardíacos y, como en otros lebreles, una sensibilidad especial a la anestesia por su escasa grasa corporal; conviene un veterinario familiarizado con galgos.

¿Por qué se llama Borzoi y es lo mismo que el Galgo Ruso?

Sí, son el mismo perro. “Borzoi” viene de una palabra rusa antigua que significa “rápido”, y en español se le conoce también como Galgo Ruso. Hasta 1936 la raza se llamaba oficialmente “Russian Wolfhound” (lebrel ruso cazador de lobos); su nombre oficial actual en Rusia es Russkaya Psovaya Borzaya.

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